jueves, 12 de diciembre de 2013

2

El grito retumbaba en los pasillos; un grito desgarrador que me helaba la sangre. Apreté la mano de Akzra, en busca de alguien que me dijese que no pasaba nada. Ella me miró a los ojos y con la mirada me dijo que no pasaba nada, que todo estaba en orden, o al menos estaba en todo el orden que podía estar. Seguimos para buscar al causante del grito. En los pasillos había un muchacho, que por las gafas y todos los libros que llevaba supuse que era un brujo de pocionología, la rama de los listos, y de inmediato supe que yo jamás sería de esa rama. En la Tribecka Magic School habían ramas para estudiar distintas clases de brujería. La mía aún no se había detectado. Corrimos hacia el chico. Estaba tumbado en el suelo, con los libros esparcidos y las gafas rotas. Él tenía los ojos en blanco, y yo, como buena maga principiante, creí que estaba muerto. Miré a Akzra con mirada asustada, y ella me tranquilizó:


- No está muerto, Jacinta, está paralizado por un conjuro de quinto grado. Magias oscuras avanzadas, artículo siete. Es uno de los hechizos más difíciles de todos. 


No consiguió calmarme demasiado. ¿Quién odiaba tanto a ese pobre chico como para dejarle así? El autor había desaparecido. Teníamos que llamar a la enfermería mágica, de lo contrario, sí que podría ser grave. Llegaron corriendo, canturreando algo así como "Hechizo quinto grado, ayuda, Socorro, corred, corred, mago poderoso" y tal vez más cosas que no quise escuchar, me ponían de los nervios. Como si no tuviera suficiente con el ritual de iniciación del Tribecka. 


- Vamos al teatro - me animó Akzra con una amplia sonrisa. Sin duda, trataba de relajarme - Venga, no te desanimes -.


Y fuimos las dos medio corriendo, medio andando, hasta la sala del teatro, donde se escuchaba a la directora gritando. Una vez nos acercamos lo suficiente, podía escuchar como les gritaba a los que entraban tarde. Nosotras éramos las siguientes de la cola, y nos pondría una expulsión el primer día de iniciación, y eso era un grave error en tu expediente de Brujería. 


- Agáchate cuando yo te lo diga.


Balbuceé algo, pero no me dió tiempo a preguntarle nada que pudiera entender porque me dijo: 


- ¡Ahora, Jacinta!


Y las dos nos agachamos justo cuando la directora miraba en nuestra dirección, pero nos estaba ocultando un palco de butacas. Ahora tendríamos una marca incorregible en nuestro expediente de Brujería si no hubiera sido por Akzra y sus fantásticas ideas.

Intentamos sentarnos como pudimos, discretamente y sin llamar mucho la atención, y cuando ya estuvimos sentadas, la directora empezó su discurso agriamente, con su vozarrón que la delataba como Bruja Malvada. Que suerte la nuestra.


- Queridos alumnos del Tribecka Magic School, estáis aquí porque he sido informada de que hay un infractor del código mágico de la ley. Este desgraciado alumno ha estado practicando magia oscura por el colegio, cosa ilegal, y más viniendo de un hijo del Bien, como delatan sus fuentes. Quiero que el acusado salga esta semana - aclaró con su penetrante voz - O si no, tomaré la justicia por mi mano. - Oh no, oh no... Eso era malo. Según me contó Akzra, la última vez que la directora se tomó la justicia por su propia mano, medio instituto acabó destrozado y con bajas del 60% - Mis queridos pichoncitos, os deseo una buena estancia en el Tribecka Magic School, y, respecto a los iniciados... Que os vaya mal... Eso, bien, eso, en el ritual de iniciación. Que pasen ahora las siguientes víctimas... O sea, las siguientes personas que tengan que hacer la prueba - Y la directora, concluyendo así, con una sonrisa perfectamente malvada anunció un nombre, el primer nombre de la primera persona que haría el ritual:


- Jacinta Exwel. 


Se me paró el corazón en seco. Nadie me había dicho que el ritual de iniciación era hoy. Maldije al mundo por lo bajo y me apresuré a subir las escaleras para llegar al escenario. 


Allí un tipo con una cara normal, pero que parecía que te fuera a devorar en cualquier momento, me dijo:


- Bienvenida... Esto... ¿Jacinta? Eh, sí, Jacinta Elel, ¿No?


- Esto... sí.


Resolví no decirle mi apellido verdadero por si me hacía un conjuro de Brujería Superior, o algo así. Bromas aparte, ese chico me daba miedo.


La directora clavó sus negros ojos en mí, intimidándome con su mirada. Sonrió de aquella forma tan macabra y dijo simplemente:


- Aquella es tu puerta.


Señaló hacia una puerta grasienta, con la madera agrietada, sucia y mohosa, en la que tenía que meterme para realizar el ritual. Qué asco. Si la puerta estaba así, mejor no averiguar qué había dentro. Pero tenía que hacerlo. Hice acopio de mis fuerzas y entré.


La oscuridad reinaba en la estancia, amenazando con tragarme en cualquier momento. Olía a desinfectante, a moho y a... En fin, ¿Has estado alguna vez en un vertedero, o en una alcantarilla? Pues mezcla esos dos olores y multiplícalos por cien. Aun así no olerías igual de mal. 

Entonces, la puerta de madera chirrió hasta cerrarse, y mi corazón dió tal vuelco que podría despertar a un muerto. 

Sólo entonces me fijé en que habían dos puntitos amarillos al otro lado de la sala, como un monstruo esperando devorarme.

Entonces la cosa soltó un gruñido. Y después un rugido. Y después algo peor. Pero creo que ni lo llegué a escuchar. Estaba demasiado ocupada gritando.

viernes, 6 de diciembre de 2013

1

Viernes 6 de Diciembre

Doy un brusco salto cuando oigo mi nombre.
Era Elías, que me llamaba desde la cocina.
- ¡ Jacinta ! Ven porfavor.
Contengo un bufido, ya es la cuarta vez que me llama desde que fué a la cocina a intentar hacer una pizza.
Me acerco a la cocina con preocupación; quién sabe, tal vez ha quemado la pasta de la pizza o ha puesto los bichos del tercer estante a freír sin haberlos lavado.
Entonces veo a Elías, con su habitual cara de no-se-qué-hacer y veo el estropicio que ha hecho.
Están todos los huevos de serpiente esparcidos por el suelo rotos, y un par de bebés de serpiente salen de algunos huevos prematuros. No tendrían que haber salido hasta dentro de unas semanas, y, además de que no los necesitaba para la pizza, esos eran para comérnoslos el domingo, menos unos cuantos que necesitaba yo para un experimento de biología de la escuela.
Suelto un bufido sin contenerme, porque no sólo me ha estropeado mi experimento, para el cual tendré que comprar más huevos, que encima son carísimos, sino que también ha cagado la comida del domingo.
Cierro los ojos y me concentro, tengo que recordar el hechizo para limpiar.
Entonces pronuncio unas palabras en una lengua muerta y salen destellos de todos los colores de la punta de mis dedos.
Abro los ojos, y los huevos habían desaparecido. Miro a Elías para transmitirle una sensación de culpabilidad, y la veo en sus ojos reflejada.
Me doy por vencida y vuelvo a mi habitación.
Ya hace cuatro meses que vine al internado.
Lo recuerdo bien.
Me tumbo en mi cama, decidida a descansar un poco, dejando que Elías se maneje él solo en la cocina.
Y entonces me sumo en un largo y profundo sueño...


Era un domingo 21 de agosto, casi acabando verano.
Ese día había quedado con unas amigas, íbamos a ir a ver una película a un cine nuevo que habían instalado cerca de nuestro pueblucho.
Íbamos a ver una película de brujería, nos fascinaban ese tipo de cosas y siempre soñábamos que éramos brujas y cosas así.
Llegamos con media hora de antelación, nos hacía muchísima ilusión ver aquella película. 
El cine estaba llenísimo de gente, era el día del estreno. Había pequeñas brujitas apelotonadas en la tienda de golosinas; todas vestían trajes negros con alas, con gorros de bruja o con verrugas de mentira.
Nosotras éramos tres; Minney, Cezzie y yo. 
Minney llevaba un gorro de bruja, pero Cezzie y yo no íbamos disfrazadas de nada.
Entonces Cezzie suspiró.
- Jope, yo quiero un gorro de bruja como el de Minney.
Y se puso a berrinchar. Apenas teníamos once años. 
Y la ví tan apenada, que me apiadé de ella y deseé con todas mis fuerzas poner regalarle un sombrero de bruja.
Entonces, mis dedos chispearon de colorines. Me puse a gritar en medio de aquel caos de brujitas.
- Ala Cezzie, mira, Jacinta está haciendo magia - suspiraba Minney - yo también quiero.
Yo estaba atónita, era la primera vez que hacía magia. Por suerte, nadie se dió cuenta más que mis mejores amigas que me miraban con la boca abierta.
Era maravilloso, y cuando me chispeaban los dedos, un escalofrío agradable me recorría todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. 
Entonces, en la cabeza de Cezzie, apareció un gorro de bruja, grande, negro.
Cezzie se puso a dar saltitos y grititos y Minney y yo le rogábamos que se calmara, inútilmente.


Ésa fué la primera vez que hice magia. 


Despierto del sueño algo aturdida.
Aún se escucha a Elías haciendo desastres en la cocina de nuestro apartamento. Vivimos en él Elías, Nancy, Akzra, Tom y yo. El apartamento del internado tiene cinco habitaciones, con un baño en cada una, una salita de estar y una cocina. También tiene en cada habitación un balconcito que da al centro del internado, a la modesta plaza de la biblioteca. Allí, en la plaza, hay una biblioteca (de ahí el nombre de la plaza), una tienda de hechicería, una tienda de golosinas mágicas y otra tienda de pociones. Está el acceso a los apartamentos, y cada uno tiene una letra. Existen 28 apartamentos, de cinco a ocho personas cada uno. Se escucha un ruido de llaves. Entra alguien en el apartamento. Salgo a recibirle.
Es Akzra. 
Akzra tiene el pelo azul, símbolo de que pertenece a las brujas de mar, y unos ojos esmeralda preciosos, jamás me canso de mirarlos.

- Hola Jacinta - responde alegre.
- Hola Akzra - respondo con una sonrisa.
Se sienta sobre el sillón de terciopelo de la sala de estar y empieza a hojear unas revistas que reposaban en la mesita de cristal transparente.
Me invita a sentarme con un gesto y yo le obedezco. Cojo el mando de la televisión y la enciendo, y empiezo a hacer zapping. Hechicería, canal poción, etc.,... Pero no está mi programa favorito, Pocionología avanzada. Akzra protesta, el ruido de la televisión entorpece su lectura de la revista. Cierro la televisión, pues yo tampoco la iba a mirar.
Me quedo observando la pantalla apagada, embelesada. 
Entonces, de los altavoces de todo el internado suena la grave voz de la directora.
- Queridos alumnos de la escuela Trebecka Magic Estudios - trona la voz - Tenéis que venir todos al teatro, tenemos que anunciaros un asunto importante.
Los altavoces se apagan igual de rápido como se habían encendido. La voz de la directora no sonaba alegre, más bien parecía enfadada. Quién sabe qué era lo que nos quería anunciar.
Akzra pensó que sería algo nuevo, como el presidente de el consejo escolar o alguna chorada de esas. Elías, en la cocina, pensaba que sería algún premio habitual de navidad, o algún anuncio especial.
Mientras que yo, pensaba que sería algo malo, que expulsarían a alguien, no lo sabía, porque de todos los del apartamento y tal vez de todo el Trebecka Magic Estudios fuera la que se había incorporado más recientemente. Vine tan sólo hace cuatro meses, y aún no me había integrado completamente, pero los demás eran más veteranos. Sabían más de esto que yo. Akzra clavó sus azules ojos en mí y yo le devolví la mirada, asustada.
Ella me cogió de la mano, tranquilizándome, y yo se la apreté.
Pronto sabríamos por qué estaba tan enfadada.

De camino al auditorio, o teatro, o anfiteatro, nos detuvimos;
Un grito retumbaba en los pasillos.