El grito retumbaba en los pasillos; un grito desgarrador que me helaba la sangre. Apreté la mano de Akzra, en busca de alguien que me dijese que no pasaba nada. Ella me miró a los ojos y con la mirada me dijo que no pasaba nada, que todo estaba en orden, o al menos estaba en todo el orden que podía estar. Seguimos para buscar al causante del grito. En los pasillos había un muchacho, que por las gafas y todos los libros que llevaba supuse que era un brujo de pocionología, la rama de los listos, y de inmediato supe que yo jamás sería de esa rama. En la Tribecka Magic School habían ramas para estudiar distintas clases de brujería. La mía aún no se había detectado. Corrimos hacia el chico. Estaba tumbado en el suelo, con los libros esparcidos y las gafas rotas. Él tenía los ojos en blanco, y yo, como buena maga principiante, creí que estaba muerto. Miré a Akzra con mirada asustada, y ella me tranquilizó:
- No está muerto, Jacinta, está paralizado por un conjuro de quinto grado. Magias oscuras avanzadas, artículo siete. Es uno de los hechizos más difíciles de todos.
No consiguió calmarme demasiado. ¿Quién odiaba tanto a ese pobre chico como para dejarle así? El autor había desaparecido. Teníamos que llamar a la enfermería mágica, de lo contrario, sí que podría ser grave. Llegaron corriendo, canturreando algo así como "Hechizo quinto grado, ayuda, Socorro, corred, corred, mago poderoso" y tal vez más cosas que no quise escuchar, me ponían de los nervios. Como si no tuviera suficiente con el ritual de iniciación del Tribecka.
- Vamos al teatro - me animó Akzra con una amplia sonrisa. Sin duda, trataba de relajarme - Venga, no te desanimes -.
Y fuimos las dos medio corriendo, medio andando, hasta la sala del teatro, donde se escuchaba a la directora gritando. Una vez nos acercamos lo suficiente, podía escuchar como les gritaba a los que entraban tarde. Nosotras éramos las siguientes de la cola, y nos pondría una expulsión el primer día de iniciación, y eso era un grave error en tu expediente de Brujería.
- Agáchate cuando yo te lo diga.
Balbuceé algo, pero no me dió tiempo a preguntarle nada que pudiera entender porque me dijo:
- ¡Ahora, Jacinta!
Y las dos nos agachamos justo cuando la directora miraba en nuestra dirección, pero nos estaba ocultando un palco de butacas. Ahora tendríamos una marca incorregible en nuestro expediente de Brujería si no hubiera sido por Akzra y sus fantásticas ideas.
Intentamos sentarnos como pudimos, discretamente y sin llamar mucho la atención, y cuando ya estuvimos sentadas, la directora empezó su discurso agriamente, con su vozarrón que la delataba como Bruja Malvada. Que suerte la nuestra.
- Queridos alumnos del Tribecka Magic School, estáis aquí porque he sido informada de que hay un infractor del código mágico de la ley. Este desgraciado alumno ha estado practicando magia oscura por el colegio, cosa ilegal, y más viniendo de un hijo del Bien, como delatan sus fuentes. Quiero que el acusado salga esta semana - aclaró con su penetrante voz - O si no, tomaré la justicia por mi mano. - Oh no, oh no... Eso era malo. Según me contó Akzra, la última vez que la directora se tomó la justicia por su propia mano, medio instituto acabó destrozado y con bajas del 60% - Mis queridos pichoncitos, os deseo una buena estancia en el Tribecka Magic School, y, respecto a los iniciados... Que os vaya mal... Eso, bien, eso, en el ritual de iniciación. Que pasen ahora las siguientes víctimas... O sea, las siguientes personas que tengan que hacer la prueba - Y la directora, concluyendo así, con una sonrisa perfectamente malvada anunció un nombre, el primer nombre de la primera persona que haría el ritual:
- Jacinta Exwel.
Se me paró el corazón en seco. Nadie me había dicho que el ritual de iniciación era hoy. Maldije al mundo por lo bajo y me apresuré a subir las escaleras para llegar al escenario.
Allí un tipo con una cara normal, pero que parecía que te fuera a devorar en cualquier momento, me dijo:
- Bienvenida... Esto... ¿Jacinta? Eh, sí, Jacinta Elel, ¿No?
- Esto... sí.
Resolví no decirle mi apellido verdadero por si me hacía un conjuro de Brujería Superior, o algo así. Bromas aparte, ese chico me daba miedo.
La directora clavó sus negros ojos en mí, intimidándome con su mirada. Sonrió de aquella forma tan macabra y dijo simplemente:
- Aquella es tu puerta.
Señaló hacia una puerta grasienta, con la madera agrietada, sucia y mohosa, en la que tenía que meterme para realizar el ritual. Qué asco. Si la puerta estaba así, mejor no averiguar qué había dentro. Pero tenía que hacerlo. Hice acopio de mis fuerzas y entré.
La oscuridad reinaba en la estancia, amenazando con tragarme en cualquier momento. Olía a desinfectante, a moho y a... En fin, ¿Has estado alguna vez en un vertedero, o en una alcantarilla? Pues mezcla esos dos olores y multiplícalos por cien. Aun así no olerías igual de mal.
Entonces, la puerta de madera chirrió hasta cerrarse, y mi corazón dió tal vuelco que podría despertar a un muerto.
Sólo entonces me fijé en que habían dos puntitos amarillos al otro lado de la sala, como un monstruo esperando devorarme.
Entonces la cosa soltó un gruñido. Y después un rugido. Y después algo peor. Pero creo que ni lo llegué a escuchar. Estaba demasiado ocupada gritando.